La arquitectura está en crisis. Una crisis de trabajo y de identidad de la que no sabe como resurgir ni encontrar su sitio en la sociedad.
En el último número de la revista Quaderns hay un espacio de reflexión en torno a la Plaza de Les Glòries, un gigantesco vacío urbano que nadie ha sido capaz de abordar con éxito.
Siendo un tanto tendencioso, planteo convertir esta imagen de los años sesenta en un acto de reivindicación a favor de la arquitectura.
Por un momento imaginemos que los arquitectos fuéramos barridos de nuestra tarea más habitual, el diseño de espacios y edificios donde vive el hombre.
Imaginemos que las viviendas dejan de estar pensadas por y para las personas y se convierten en un elemento objeto de la máxima optimización dejando a un lado criterios ya citados en este blog como la arquitectura empática y la relación con los usuarios.
¿Qué tipo de objetos empezarían a surgir? Seguramente trasladaríamos a la vivienda desastres como el que ilustra la foto, donde se prioriza la funcionalidad para que las máquinas puedan fluir pero donde no existe ninguna capacidad para examinar o intuir que los espacios inferiores son absolutamente residuales.
Esa es la complejidad de la arquitectura, buscar consensos entre lo técnico y las personas. Seguramente la formación del arquitecto debería incluir alguna asignatura de psicología de los espacios...para garantizar un mínimo de sensibilidad en esos temas.
Quizás al ver las razones que llevaron a Le Corbusier a establecer su propio sistema de medidas en el Modulor entendemos la importancia del asunto.
Por otro lado, también debería asegurarse que el arquitecto entiende de texturas y colores entendiendo sus efectos.
Por ejemplo, la rugosidad de un acabado de hormigón afectará de forma muy diferente si esas piezas están en contacto con las personas o suspendidas a un cierta altura.
El hilo de la biblioteca de RCR también ilustra el uso de materiales un tanto agresivos para una biblioteca. Pero para lograr eso, deberemos ser cada vez mejores y más rigurosos a la hora de proyectar.
Por tanto, la fase de formación del arquitecto deberíaincidir y fomentar la comprensión de la interacción espacio-personas mediante algún tipo de ejercicio al respecto y no dejándolo sólo en manos del taller de proyectos donde eso conceptos se abordan de forma intuitiva, pero irregular.
Los arquitectos podríamos ser más demagógicos al explicar lo que otras ramas del conocimiento hacen mal, para intentar erigirnos en "salvadores" y lograr explicar nuestras capacidades.
Por ello partía de esta imagen que debió parecer en ese momento un buen proyecto, pero que existe un cierto consenso en que estas formas son incompatibles con hacer ciudad.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada